Columna de opinión Prof. Gabriel Vargas: Falla San Ramón y comunicación del riesgo: ¡no da lo mismo!

Texto publicado por El Mostrador (5 de octubre de 2017) escrito por el Dr. Gabriel Vargas Easton Profesor de Geología, Universidad de Chile y  Director Proyecto Falla San Ramón ONEMI-CSN

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En 2012, el “Estudio riesgo y modificación PRMS Falla San Ramón”, realizado para la Secretaría Regional Ministerial de Vivienda y Urbanismo de la Región Metropolitana, por Territorio & Ciudad Consultores en conjunto con la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, determinó que “la amenaza originada en la activación de la Falla San Ramón se expresa en dos tipos diferentes de peligro. Por una parte, se ha caracterizado la ocurrencia de un sismo que afectará a la región, y por otra, un proceso físico de ruptura superficial a lo largo de la traza de la falla”. ¿Qué significa esto?

Las fallas geológicas activas, como la de San Ramón, ubicada a lo largo del piedemonte en el sector oriente del valle de Santiago, son capaces de acumular esfuerzos tectónicos y romper la corteza terrestre, generando sus propios terremotos. Los efectos de sismos como éstos pueden ser localmente mayores, tales como los recientemente ocurridos en Japón, Nueva Zelanda e Italia, en términos que son sismos superficiales que pueden generar ruptura del suelo dislocándolo en varios metros, del mismo modo que se ha deducido a partir de los estudios geológicos realizados en la Falla San Ramón, y que las intensidades pueden ser localmente altas, tal como lo sugieren simulaciones realizadas a partir de escenarios sísmicos –artificiales- en esta misma falla. En el mencionado estudio, los resultados de una de estas simulaciones se muestran en franjas que distan 2 km, 5 km, y 10 km desde la falla, con intensidades (expresadas en términos de aceleraciones del suelo) alta, media y baja, respectivamente, que superarían –2 a 3 veces- aquellas registradas durante el terremoto de 2010.

Reducir el nivel de riesgo a franjas equidistantes desde la estructura geológica, sería una aproximación burda para un problema tan serio como lo que representa la potencial activación de este objeto tectónico para el desarrollo urbano sostenible de Santiago.

En el estudio de la Seremi Minvu (2012), se señalan también distintos tipos de zonas de riesgo asociadas, por ejemplo, a las áreas urbanizadas, urbanizables y excluidas de urbanización, como también a la infraestructura, densidad, tipo y características de la población, situada ya sea directamente sobre la traza –ubicación en superficie- de la falla, o sobre alguna de las franjas con altas intensidades esperables a partir de un potencial sismo mayor.

Puesto que todo lo anterior no está homogéneamente distribuido a lo largo de los casi 30 kilómetros que recorre la falla entre los ríos Mapocho, por el norte, y Maipo, por el sur, reducir el nivel de riesgo a franjas equidistantes desde la estructura geológica, sería una aproximación burda para un problema tan serio como lo que representa la potencial activación de este objeto tectónico para el desarrollo urbano sostenible de Santiago. Sólo basta recordar que las diferencias en infraestructura crítica para la atención de las emergencias, en servicios, junto con la desigualdad que se manifiesta entre las distintas comunas del sector oriente de la capital ubicadas a lo largo de la traza de la Falla San Ramón, constituyen también un factor que puede incrementar la vulnerabilidad, en el sentido de las capacidades de reacción y recuperación de la sociedad ante el escenario de un terremoto en esta falla, y por lo tanto incrementan el riesgo.

La amenaza es de origen natural, o sea que se puede conocer, avanzar en su caracterización geológica, monitoreo sísmico y simulación de escenarios, pero, desde una perspectiva científica, no se puede predecir ni mucho menos evitar que ocurra el fenómeno. En el primer año de realización del estudio “Monitoreo sísmico y potencial sismogénico de la Falla San Ramón” (2016-2019, Onemi-CSN-FCFM), ya se ha logrado ampliar la red específica de estaciones sísmicas y comprobar la sismicidad cortical/superficial bajo el frente cordillerano, donde se ubica la Falla San Ramón, así como realizar un sondaje -una perforación con recuperación de muestras- que ha corroborado la importancia de esta estructura geológica. Estos insumos permitirán que la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública (ONEMI), pueda reforzar su estrategia en materias de protección civil y trabajo con la comunidad.

Convendrá avanzar entonces en los estudios de detalle que permitan vincular de manera más precisa la amenaza geológica que representa la activación potencial de la Falla San Ramón, con el medio urbano -en general- situado a lo largo del sector oriente de Santiago, y así decidir finalmente sobre la posibilidad de cambios normativos, tanto en cuanto al desarrollo de la ciudad a través del Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS), como la revisión de la Norma Sísmica, para que incorpore la posibilidad de fuentes corticales –locales y superficiales- en los diseños de infraestructura crítica al menos, ambas recomendaciones ya planteadas también en el mencionado estudio (Seremi Minvu, 2012).

No da lo mismo amenaza –natural- de riesgo –socionatural-, ni tampoco el qué y el cómo se comunica. En esto, los medios de comunicación, las instituciones y los científicos debemos ser aliados, porque es crucial hacer frente a paparruchadas, posverdades sin argumentos, rápidas, fragmentadas, falsas o superficiales, pues se trata de eso, de defender el camino recorrido a través de la indagación seria y la reflexión, de entregar información oportuna y pertinente en cuanto al riesgo, de educar e implementar vías de diálogo con las comunidades, de modo tal de incrementar tanto sus capacidades como las del conjunto de la sociedad, ante decisiones que involucran muchas veces la posibilidad del derecho a una vida digna en esta, nuestra tan movida patria.

 

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